Congreso internacional “Burla y sátira” (XVII y XVIII)

Burla y sátiraBajo el título “Los espacios de carnaval en la literatura hispánica, de los Austrias a los Borbones (Siglos XVII y XVIII)”, el evento se celebrará del 30 de enero al 1 de febrero de 2019 en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz.

El periodo para la propuesta de ponencias permanecerá abierto hasta el 30 de octubre de 2018. Para ello, pueden contactar con sus coordinadores: Fernando Durán López (GESXVIII) y Carlos Mata Induráin (GRISO). Los interesados pueden remitir un título y un resumen de la propuesta a las siguientes direcciones: fernando.duran@uca.es y cmatain@unav.es.

Presentación

La máscara de carnaval es emblema de una realidad deformada, un mundo invertido y una suspensión transitoria del orden social y moral. La carnavalización, en el sentido cultural de Mijaíl Bajtín o en el sentido religioso de Mircea Eliade, construye un tiempo, espacio y lenguaje alternativos a los oficiales, que restauran su validez mediante una muerte ritual seguida de renacimiento. El caos del mundo puesto patas arriba es condición para que el orden arranque de nuevo y todas las jerarquías y preceptos renazcan, en un ciclo infinito.
El carnaval, así, puede simbolizar también un orden literario donde géneros, estilos, sentidos y temas se ven invertidos, subvertidos y resignificados: esto es, carnavalizados. Tal ocurre en el controlado ámbito humorístico de la comedia, la invectiva o la sátira moral, pero más descaradamente en el desenfreno de la burla y la parodia, donde las formas literarias siguen reconociendo sus facciones, pero deformadas. E igual que el carnaval reinicia el ciclo del orden, en la historia de la literatura hay periodos, textos y modalidades que cumplen la misma función restauradora e higiénica, desacreditada en las historias literarias, siempre escritas sub specie æternitatis.

Este congreso pretende abrazar un itinerario a través de tres momentos cronológicos. En el Siglo de Oro la burla ejerce funciones sociales y culturales en el marco de los conflictos de todo tipo (étnicos, literarios, religiosos, sociales, de género…) en que puede utilizarse como estrategia defensiva y ofensiva según los ejes conceptuales de identidad y alteridad. Proponemos un análisis teórico correspondiente a las ideas vigentes en el Siglo de Oro sobre la burla, concepto de complicada definición, especialmente en lo que se refiere a los límites de la eutrapelia, la sátira y la invectiva. En este sentido, procede emprender el análisis de los mecanismos de funcionamiento de la burla y la sátira en los espacios de carnaval, con sus características técnicas y estructuras del «mundo al revés», sus diversas modalidades expresivas, etc.
Por otra parte, cuando los grandes movimientos estéticos alcanzan su plenitud y se internan en el manierismo, la sofisticación, la trivialización y el agotamiento, es el momento en que los géneros descreídos —modos burlescos, parodias, lenguaje carnavalizado— toman protagonismo mayor, porque ocupan la grieta regeneradora entre el tiempo moribundo y el aún no nacido. El largo lapso transcurrido en España entre el esplendor barroco del XVII y el advenimiento de un nuevo clasicismo que iría de la mano con la filosofía de la Ilustración, sin mimetizarse necesariamente con ella, es un ejemplo perfecto. Lo que en términos de la longue durée literaria se despacha con etiquetas peyorativas —decadencia, transición e inmadurez, por este orden— tiene su propia naturaleza creadora —y no hay creación sin destrucción—, oculta bajo el disfraz de la literatura menor y de los géneros y estilos burlescos, que alcanzan ahora variedad y presencia inusitadas.

Un ejemplo de la potencia creadora y la virtualidad metaliteraria que ofrece esta pulsión «carnavalesca» podemos encontrarlo en la transformación y el novedoso auge que experimenta desde principios del XVIII un género de impresos que había tenido un curso previo del todo distinto: los almanaques o pronósticos astrológicos, que de la mano de Diego Torres Villarroel se convierten en un género de moda, vehículo de contenidos literarios muy amplios y con un carácter eminentemente burlesco, paródico y metaliterario. El teatro y la poesía ofrecen panoramas igual de ricos y complejos, que operan el paso —o el sutil, como vehículo intelectual para iluminar los rincones oscuros de la realidad. En efecto, en el XVIII la burla empieza a ir de la mano de la crítica y en vez de restaurar cíclicamente el orden, se empleará en un sentido histórico: para alumbrar una sociedad distinta minando la antigua en vez de renovarla. El Siglo de las Luces es, en ese sentido, el siglo de Voltaire y de Swift: el del humor inteligente, la ironía corrosiva y la sátira desacralizadora, dirigidos ahora contra el viejo orden premoderno y sus injusticias vestidas de seriedad solemne. Es el humor de Feijoo, de las sátiras de Jovellanos, de El Censor, de Forner y Arroyal, de Iriarte y Samaniego, o de las Cartas Marruecas; es finalmente, aunque ya no llegaremos tan lejos, el humor cáustico de un Bartolomé José Gallardo o un Sebastián de Miñano en los albores del liberalismo, con Larra casi al alcance de la mano.

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