Palabras para Julia

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La Rivière (1938), estatua de Aristide Maillol instalada en el jardín que une el Arco de Triunfo del Carrusel con los jardines de las Tullerías en París

 

A la memoria de una encantadora persona que sin embargo no
encontró consuelo en este mundo…

Hoy salió el sol en París. Aunque aquí la luz es engañosa: la vana ilusión de que podrás disfrutar del paisaje mirando de frente, sin tener que armarte de guantes, bufanda y gorro, se esfuma en cuanto pones un pie en la calle, el viento te asesta su golpe esquivo y tú acabas agazapada como una liebre sin saber por dónde se cuela el frío y, sobre todo, acabas maldiciendo haber creído… Pero en el manto grisáceo del cielo hay luz que quiera irrumpir, que quiere nacer, y que a veces sale ofreciéndonos la oportunidad de reflexionar sobre los misterios de la naturaleza (la madre tierra siempre supo…) Al final del día, siempre hubo una luz, una mirada que supo vernos o el roce de otra piel que llegó para salvarnos.

¿Recuerdas? Allá por 2009 asistimos al concierto de Paco Ibáñez celebrado en el congreso Factor Humano. Su disertación sobre ¿Qué cabe esperar?, dejó mucho que desear, no obstante finalizó según lo esperado: con las melodías que antaño ayudaron a nuestros padres a resistir y que, previendo las contradicciones que aguardaba el mundo, hoy nos legan como amuletos para soportar la miseria, la traición, el desamor, la hipocresía y el sinfín de realidades que los “corazones tan blancos” no llegamos -ni queremos- entender. Y cuando sonó aquel: “Nunca te entregues, ni te apartes, / junto al camino, nunca digas / no puedo más y aquí me quedo, / y aquí me quedo”, nos miramos de forma cómplice y asentimos con la cabeza reconociendo la lucha interna que implica vivir con consciencia. “Otros esperan que resistas, / que les ayude tu alegría, / que les ayude tu canción, / entre sus canciones. /Entonces siempre acuérdate /de lo que un día yo escribí, / pensando en ti, / pensando en ti, /como ahora pienso”.

¿Lo olvidaste? ¡Es el canto a la vida de quienes nos dieron la vida! “La vida es bella ya verás”, prosigue la canción. ¡Vamos, tararea conmigo! ¡Aférrate a la vida, por Dios, tanto si ese a quién hoy invocamos existe como si no! ¿Es que acaso nunca has sonreído con la risa inocente del niño que corretea tras la cola de su perro dibujando círculos concéntricos en el verde? ¿Es que acaso no conoces el misterio que aguarda el lenguaje de Los formales y el frío? ¿Y ese momento del despertar junto al amante en que se siente el leve movimiento de otra piel que te demanda que te quedes? ¡Es la magia de la vida, a pesar de los ruines del pasado/ y los sabios granujas del presente!

Hoy detengo aquí mi paso, recordándote, intentado entender, e incluso imaginando que el movimiento de La Rivière de Maillol debió asemejarse a tu modo de sentir la vida: ese río que se lo lleva todo a su paso y sólo deja surcos, huellas y grietas en los cuerpos doloridos de quienes aún luchan por cambiar la doble moral que nos gobierna, de quienes aún gritan contra la condescendencia, ese encuadre mediático y generalizado, que traduce nuestra indignación, y que nos convierte en viejos prematuros. No sé por qué… Es más, nunca lo entenderé. ¿Hay alguna respuesta convincente?

Mientras tanto los demás seguiremos: “la vida nos empuja”, reza la letra, a unos por inercia, a otros con la decencia ya pisoteada; los unos buscando la dignidad perdida, y los otros ya sin alma, pero todos seguiremos con la vana esperanza de asistir en el camino -si no sucede a mediados pues al menos al final- al instante, al leve y efímero momento, en que el milagro se transforme en materia y la vida -la espera- haya merecido la pena.

Fotografía y texto: Maru Gutiérrez.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante un muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer,
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.

Pero cuando yo te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas:
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

(Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo)

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